Un descubrimiento basado en una familia pakistaní que podía caminar sobre brasas sin sentir dolor ha llevado a un avance médico significativo: la aprobación de suzetrigina, el primer analgésico de una nueva clase en más de dos décadas. La Food and Drug Administration de Estados Unidos (FDA) dio luz verde a este medicamento, marcando un hito en el tratamiento del dolor agudo sin recurrir a opioides.
Suzetrigina, que será comercializada bajo el nombre de Journavx, es una píldora de 50 miligramos que se administra cada 12 horas tras una dosis inicial más alta. Este medicamento representa una alternativa crucial en un contexto donde los opioides, aunque efectivos, han generado una crisis de adicción y dependencia en millones de personas.
A diferencia de los opioides, que actúan en el cerebro para reducir la percepción del dolor, suzetrigina opera de manera distinta. Según explicó el doctor Sergio Bergese, anestesiólogo de la Escuela de Medicina Renaissance de la Universidad Stony Brook, el medicamento bloquea las señales de dolor en los nervios antes de que lleguen al cerebro.
El mecanismo de suzetrigina se basa en el bloqueo de un canal de sodio específico que transmite señales de dolor sin afectar otras sensaciones, como el tacto o la temperatura. Este enfoque fue posible gracias a investigaciones iniciadas hace 25 años, cuando científicos estudiaron a una familia en Pakistán que carecía de un gen necesario para que los nervios de la piel transmitieran señales de dolor. Los miembros de esta familia podían sentir el calor de las brasas, pero no experimentaban dolor al caminar sobre ellas. Este descubrimiento permitió a los investigadores identificar cómo bloquear el dolor sin afectar otras funciones neuronales.
La aprobación de suzetrigina llega en un momento crítico, cuando la necesidad de alternativas a los opioides es más urgente que nunca. Se cree que alrededor de 80 millones de estadounidenses reciben recetas para tratar dolor moderado a severo cada año, y aproximadamente la mitad de estas recetas son para opioides. Estos medicamentos, aunque efectivos, han contribuido a una epidemia de adicción que ha cobrado miles de vidas.